15 oct. 2010

El "Pacará de Segurola"


(De Mauro A. Fernández)

Una de las más importantes quintas que se formaron en los terrenos que hoy constituyen el barrio Parque Chacabuco, era -como dice Hugo Corradi en su “Guía antigua del Oeste porteño”- la de la familia Letamendi. En 1887, sus cercos se extendían por las actuales Eva Perón, Emilio Mitre, Gregorio de Laferrere y Miró. En 1895, la quinta estaba a nombre de Gregoria Letamendi, viuda de Romualdo Segurola y mostraba sobre avenida Eva Perón) su portón principal y su pared de ladrillos desnudos. El edificio principal de la quinta, en estado ruinoso, se conservó hasta la década del 40 en mano de los herederos de la familia; aunque ya a partir de 1920, los terrenos se habían ido fraccionando, permitiendo la apertura de Puan, Hortiguera y otras calles.
A comienzos del siglo XIX, esta quinta pertenecía a Romualdo José Segurola, cabildante, prior del Consulado y defensor de menores, entre otros cargos, casado con Romualda de Las Heras, hermana del ilustre general. Era hermano de Romualdo el deán doctor Saturnino Segurola y Lezica, nacido y muerto en Buenos Aires (1776-1854). En los cursos de medicina, el canónigo había adquirido conocimientos sobre la vacuna. Fue administrador de la Casa de Niños Expósitos, director de la Biblioteca Pública, Inspector General de Escuelas, etcétera.
Fue en la mencionada quinta -nos cuenta Manuel Bilbao en su “Tradiciones y recuerdos de Buenos Aires”- donde el canónigo Segurola, hermano del propietario, según la tradición, fue el primero que aplicó la vacuna contra la viruela, enfermedad que en su tiempo fue un azote y contra la cual, hasta ese descubrimiento, no se conocía remedio preventivo que la evitase. A la sombra de un hermoso pacará, árbol originario del Perú y único ejemplar existente en nuestra ciudad, el benemérito canónigo don Saturnino Segurola aplicaba la vacuna a los vecinos.
El histórico y bicentenario árbol se conservó vigoroso y lozano hasta hace unos años en la esquina noreste de las calles Baldomero Fernández Moreno y Puán. En 1914, la Sociedad Forestal Argentina había hecho colocar en él una placa recordatoria con la inscripción: Pacará histórico, a cuya sombra vacunaba a este vecindario el Deán Dr. Saturnino Segurola en los años 1810 y 1830. En 1932, otra placa fue colocada por el Dr. Genaro Giacobini, fundador del Partido Salud Pública. El ejemplar fue declarado árbol histórico por decreto del 4 de junio de 1946. En 1949, la Asociación de Fomento y Biblioteca Popular Chacabuco Oeste había hecho colocar también una placa recordatoria.
El siglo XX no le deparó una vida tranquila a nuestro pacará. Corría el año 1939. Juan Valentín Pezzali, dueño del terreno en cuyos lindes se levantaba el árbol, venía haciendo desde bastante tiempo atrás insistentes reclamos ante la Municipalidad para que se le autorizara a edificar en aquél una casa de rentas. La autorización se demoraba en atención a las gestiones que se estaban realizando para la conservación del árbol. Finalmente, en su sesión del 4 de julio de ese año, el Concejo Deliberante decidió el retiro del añoso árbol que, en realidad, era de propiedad municipal ya que, al abrirse la calle Puán, había quedado sobre la línea de edificación.
Esta decisión originó la reacción de la prensa y de diversas personalidades y entidades promoviendo un movimiento colectivo en favor de la conservación del histórico árbol. Los doctores Ricardo Levene y José Luis Busaniche -presidente y secretario, respectivamente, de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos-, realizaron numerosas gestiones para salvar el famoso pacará. Por su parte, La Sociedad de Fomento Edilicio y Cultural Segurola solicitó autorización para realizar una colecta popular cuyo producto sería entregado a la Municipalidad para la compra del solar, y el Partido Salud Pública, a través de su fundador y presidente, el doctor Genaro Giacobini, convocó para un acto público a realizarse el domingo 16 de julio en el predio en cuestión.
El martes 18 de julio, el intendente municipal, doctor Arturo Goyeneche, se trasladó hasta el lugar con el objeto de tomar una impresión sobre el terreno acerca de la mejor forma de resolver el conflicto. Lo acompañaban el senador Alfredo Palacios, los doctores Ricardo Levene y Genaro Giacobini, algunos herederos de la sucesión Letamendi, representantes de las distintas entidades preocupadas por el tema y vecinos. Al día siguiente, el Senado le daba media sanción a la ley que autorizaba al Poder Ejecutivo la compra del terreno de la calle Puán 794.
Cincuenta años después, en mayo de 1990, el bicentenario pacará fue retirado por personal municipal sin comentarios previos ni explicaciones posteriores. Según parece, el árbol ya estaba muy enfermo, tenía muchos agujeros, casi carecía de hojas y frecuentemente se desprendían de él grandes ramas, habiéndose constituido en un peligro para los transeúntes. El ejemplar que hoy se encuentra en la Plazoleta José Luis Romero -nominada así por ordenanza de junio de 1997- proviene de aquel histórico árbol, ha sido obtenido de sus semillas y cultivado en los viveros del Parque Avellaneda.

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Nota y foto tomadas del periódico "Desde Boedo".